Metropolis Neteges
Servicios de limpieza integrales

Todos somos Pepi

 

Cuando tuve que llamar por primera vez a Pepi, me acababa de llegar una nota que había dejado a sus compañeros de trabajo, un día antes de su cumpleaños. Recuerdo que me sobrecogió la mezcla de naturalidad y respeto con la que se dirigía a ellos y enseguida di por hecho que llevaba una larga trayectoria en ese entorno de trabajo contratada por Metropolis.

 

Me sorprendió el entusiasmo con el que recibió mi llamada, al principio extrañada por tratarse del propio equipo interno de Metropolis, y más tarde emocionada por la importancia que, primero algún compañero y después nosotros, le habíamos dado a su sencilla nota:

Todos somos Pepi. La nota que ha emocionado en las redes sociales

Sin duda, no solamente me contagió la sonrisa sino que además, me conquistó su entrañable atención telefónica, como si de una madre protectora se tratara…y tanto es así que despertó mi interés por conocer su aspecto.

Pepi se estaba convirtiendo para mí, en la representación de la esperanza para el futuro ambiente de cualquier trabajo. Tenía curiosidad por saber si podía llegar a convertirse en la representación de todos los trabajadores de Metropolis.

Los empleados de cualquier empresa necesitan una atmósfera sana para trabajar, huyendo de los ambientes tóxicos que afectan al rendimiento y a la productividad (y pueden llegar a perjudicar la salud y la vida personal de los trabajadores).

 

Pepi me había explicado en nuestra conversación telefónica, la poca importancia que le da ella a las diferencias de opiniones entre compañeros, puesto que son inevitables  y hay que aceptarlas como parte del día a día laboral, y pensar así le funciona para crear automáticamente un clima de trabajo agradable.

Pero me asaltaban más preguntas: ¿Y cuando no ocurre así? ¿Y si algún compañero de equipo menosprecia o muestra indiferencia hacia sus compañeros? ¿Qué hacer cuando las formas en las que un compañero se dirige a otro no son las adecuadas?

De nuevo me envolvió la idea de respeto y de tolerancia hacia los demás, que tanto transmitía la nota de Pepi.

 

Sin ánimo de intromisión, le pregunté el tiempo que llevaba ocupando el puesto de limpieza para el que fue contratada por Metropolis. Su respuesta fue, después de una reflexión necesaria, una lección para mí sin duda alguna. Pepi llevaba 6 meses trabajando para nosotros. Eso significaba entre otras cosas, que mi deducción inicial a partir de la naturalidad con la que se relacionaba en su nota, carecía de fundamento. A Pepi no le hacía falta la confianza forjada por el paso tiempo, para tomarse la libertad de ser generosa con sus compañeros de trabajo. Y esa reflexión me llevó a entender la generosidad, como signo de superioridad tanto en lo personal como en lo laboral, sin excusas, sin tiempo previo necesario, sin precauciones, sin condiciones ni intereses, sin medir la generosidad del otro, sin esperar nada a cambio…en definitiva lanzándose al vacío más inusitado con tal de celebrar de alguna manera el día para que pudiera resultar distinto para todos.

 

Antes de despedirnos telefónicamente y de pedirle, tímidamente, una entrevista personal para conocerla en primera persona, hizo un comentario que encumbró el momento de reflexión por el que mi mente estaba pasando; no siendo suficiente todo lo anterior para entender la energía especial de Pepi, necesité oír que al día siguiente (el día de su cumpleaños, con motivo del cual había dejado la nota y las galletas para el café), se encontró con una postal firmada por todos sus compañeros de planta, además de un ramo de flores “de parte de los compañeros de la quinta planta”.

 

En ese momento comprendí que la generosidad se contagia, igual que estaba haciendo conmigo, y el hecho de tener a gente tan generosa como Pepi a nuestro alrededor nos hace ser mejores a nosotros.

 

Llegué a la conclusión de que todos los trabajadores de Metropolis somos Pepi, y ella representa perfectamente la relación de trabajo entre compañeros.

 

Y finalmente, dejando de ser pura curiosidad, tuve la certeza de que debía ir a ver a Pepi porque sabía que lo único que me podía traer esa decisión eran cosas buenas.

 

Pero esa será otra historia, que compartiré con vosotros por si también os hubieran entrado unas ganas repentinas de conocerla.

 

 

 

 

“Para que cambie nuestro alrededor debemos cambiar primero nosotros”